martes, 4 de noviembre de 2014

PERDER PRISA


El recelo de la prisa. Ese sentimiento de llegar a casa lo más pronto posible como si se nos fuera la vida en ello, dejando escapar cualquier abismo de oportunidad, sin saber que está en todos los sitios a todas horas. Salir del trabajo o de la universidad y correr hacia el metro para no perderlo, sin saber que nos estamos perdiendo muchas cosas por el camino, incluso nos perdemos a nosotros mismos. El pasar por delante de la persona que podría hacernos feliz, el no conocer al camarero del bar de al lado por no tomarnos un respiro junto con un café caliente con chocolate o sin él. El recelo de acabar, sin disfrutar el proceso. De tener sin sentir, o de sentir sin entender. Entendiendo lo que queremos o nos interesa, e ignorando aquello que por lo general no nos llama la atención. Aquellos detalles que están ahí, por lo que sea, esperando que los observes, que los captes y los sepas admirar. La manera por la que nos angustiamos por el comienzo de la semana, maldiciendo al pobre Lunes, sin saber qué ha hecho mal. Nos obcecamos en que las cosas positivas y divertidas sólo pasan los días libres, aquellos que tenemos más tiempo para nosotros mismos. Y estamos tan seguros de que se concentran en ese intervalo de tiempo, que hasta pasan por delante de nuestras narices y por no saber mirar con paciencia, se esfuman, como los trenes, esos que pierdes aun corriendo para no perderlo. Poco a poco, lo pierdes. Pierdes el sentido de la vida, del amor y de lo que te rodea. Piensas que todo lo que tienes es lo que vale, pero un día te das cuenta de que estabas equivocado. Que lo estabas desde el principio. Desde que te rebajaste delante del jefe por miedo a perder tu puesto. Tu comodidad, codiciada por otros. Y sólo porque otros la desean, te valoras más, crees que tienes más que ellos y eso te hace sentir grande. Mientras, en otras partes del mundo hay gente que da su vida para conocer aquello que no se conoce,para ver aquello que no todos ven, para sentir el aire puro que no todos pueden respirar porque están sumergidos en su propia comodidad. Esos mientras, sólo pierden la prisa.


Esther G.


25/10/2014